Un recital de música francesa a cargo de Paco Cuenca

El fenómeno del ‘Mayo francés’ en 1968 originó grandes transformaciones en el campo intelectual, social, y político. También en el artístico. De ello da testimonio el recital reseñado.

Paco Cuenca homenajea la canción francesa con un digno recital.

Francisco Javier Aguirre. El pasado sábado, día 29 de diciembre, el Teatro de la Estación clausuró sus actividades de 2018 con un recital de la canción francesa de hace medio siglo, a cargo de Paco Cuenca. Un aniversario digno de recuerdo siempre.

Paco Cuenca es un artista que ha sido y sigue siendo referente de la canción francesa en Aragón y buena parte de España. Ha grabado varios discos en castellano, y hace casi dos décadas recopiló y difundió las canciones más conocidas de los cantantes galos en escenarios y discos, a veces con aires, arreglos y atmósferas del jazz, como en el recital zaragozano de hace unos días.

La temática fueron las músicas que se escuchaban en Francia y en media Europa al final de la década de los 60 del pasado siglo. En cierto modo se trataba de revivir la emblemática fecha de 1968, el ‘Mayo francés’, cuando el mundo occidental dio un giro importante respecto a temas como los derechos humanos, la liberación de la mujer y la participación política, según señaló el periodista y escritor Antón Castro en una espléndida presentación antes del concierto.

Paco Cuenca, de origen francés, hijo y nieto de españoles, tituló su espectáculo precisamente ‘Mai 68’, en alusión a la fecha comentada. Presentó un programa compuesto por los temas musicales que hacían soñar, bailar y luchar en la Francia convulsa de aquellos años. El propio artista anticipó así su repertorio: “Vendrán Jacques Dutronc y su inseparable Françoise Hardy, el refunfuñón Léo Ferré, Jean Ferrat y su mostacho, Claude François, ‘cloclo’, marcándose unos bailes, Sylvie Vartan con un vestido ajustado, Aznavour de puntillas, Brassens vapeando su pipa, Georges Moustaki rasgando la guitarra…”

Acompañado por Chema Callejero, al piano, y Coco Balasch, al contrabajo, muy bien conjuntados, el cantante desgranó su amplio repertorio creando una atmósfera muy especial en una sala abarrotada por un público entusiasta, que a juzgar por las apariencias, vivió una juventud y una madurez impregnada por esas canciones ciertamente inmortales y, a estas alturas, en cierto modo intemporales.



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